
El trazado porteño generó pasión por los fierros en Capital Federal y aproximadamente 700.000 personas asistieron el domingo a ver la carrera. Según habían informado las autoridades y los organizadores, se esperaban para el último día a 500.000 personas.
Para controlar al público se encontraba la Policía Metropolitana y seguridad privada, que puso el gobierno. Muchos de ellos se encontraban cuidando el ingreso a las tribunas ubicadas sobre la Avenida 9 de Julio, las cuales eran de sponsors de la carrera que habían vendido y regalado entradas.
Mucho público sin entrada se juntó el domingo temprano, cerca de las tribunas. Intentó entrar a ocupar lugares en las mismas, pero rápidamente la policía lo impidió. La gente impaciente cantó para que corran las vallas y así poder entrar a los sectores "vip".
El número de personas se multiplicó y la seguridad no pudo controlar a la masa de gente, que destrozó vallas y rejas que pertenecían a las veredas de la Avenida 9 de Julio. Más de un policía intentó reprimir con golpes a la gente, pero debieron abandonar el lugar, ya que había mucha presencia de familias con niños.
A la organización se les fue de las manos la posibilidad de controlar a la multitud, que finalmente ocupó las tribunas. Y las personas que tenían su entrada o habían llegado desde ciudades lejanas, se quedaron sin poder ver el espectáculo que brindaron los corredores del Súper TC2000.
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